Su gobierno celebra el crecimiento, pero usa una métrica perversa: el PIB (Producto Interno Bruto). Este número cuenta la venta de cigarrillos, la limpieza de un derrame de petróleo y la construcción de cárceles como “crecimiento positivo”. El PIB no mide la calidad de vida, solo la cantidad de transacciones. Está ciego a la dignidad, al bienestar mental y a la justicia estructural.
Dignidad (El Eje Social): Mide la Esperanza de Vida Saludable (EVAS) —es decir, no solo cuánto vive, sino cuánto tiempo vive sin enfermedad o dependencia— y la Salud Mental Colectiva (liberación de la carga mental de la supervivencia).
Eficiencia (El Eje Pragmático): Mide la Movilidad Social (cuántos hijos de pobres llegan a la universidad) y la Eficiencia Institucional (cuánto tarda un permiso o una sentencia judicial).
La Regla de Oro: En el Gobierno, da presupuesto ya no se asigna por cuoteo político. Sigue automáticamente a los “puntos rojos”
